Quincho
de paja y corazón. De palos y sudores. Granero con olor a granero y
saborcito a duendes. Duendes escondidos en las trajinadas maderas de
obra de mi viejo; duendes asomados de improviso por encima de la
reja que durante años mi mamá vistió con flores coloridas y simpáticas
plantitas que engalanaban su jardín; duendes adormecidos
descansando (junto a él), en el viejo ventanal del abuelo Tique.
Duendes, duendes, duendes...
Los
que bien nos conocemos sabemos que este lugar tiene mucho más que
ver con los sueños que con la realidad. Es que, justamente, esta
realidad tan chata, tan pero tan mezquina y avasallante, que si no
ejercemos una defensa, nos deglute. Y entonces? Y entonces... ¡Ojalá
que este espacio, que este intento combativo contra la mediocridad
pueda echarse a andar y sea! Y sea... Yo qué sé... un teatro de
emergencia; quizás, un reparador de sueños: tal vez, una estación
de almas; un ramalazo romántico; un jardín de gente, voces y
momentos; o un taller de travesuras; un salón de fábulas y señuelos.
¿O por qué no, pudiera ser algún que otro amanecer que nos regale
un par de emociones clandestinas? O unas cuantas trasnochadas
ilusiones remendadas acodadas a porfía en una barra y en debate
permanente con la vida; o a lo mejor, ¡hasta una alegre marimonda
danzando con festejo al pie del escenario la lucida demencia de
estar vivos!...
Bueno,
por ahí, en ese rumbo, más o menos, sobrevuelan los deseos de Florentino.
Que de él hablamos. Que así se llama: FLORENTINO
- Asociación Civil de Teatro Independiente..
Bienvenidos, pues. Auténticas gracias múltiples por estar. Que
pasen bien de bien. Y tengan la noche... ¡La noche más estrellada
posible!